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12 de septiembre de 2015

Feria Nacional del Café

Marvin Blanco M.   La Feria Nacional del Café se realizó los pasados 4, 5 y 6 de setiembre en la antigua aduana. Después de ver muchas ferias mal organizadas y sin un objetivo claro, me dio gusto visitar esta feria.

Había representación de todas las zonas cafeteras del país donde los productores orgullosamente mostraron su café y los avances logrados en la producción de cafés finos y la innovación tecnológica en formas diferenciadas de beneficiado; especialmente me gustaron los campeonatos de catación y barismo, el tour virtual y la degustación de café de las 8 zonas productoras del país. También, había algunos productos elaborados con café, tales como panes, mermeladas, salsas y artesanías.

La aduana es sin duda un lugar adecuado para este tipo de ferias, por su ubicación céntrica y por el espacio y la arquitectura del edificio. Fui el sábado al mediodía y no había tanta gente, el domingo me comentaron que había mucha, tal vez demasiada para quienes realmente estaban interesados en comprar y conocer detalles sobre los tipos de cafés.

Como innovaciones, destacar el café en presentación para infusiones, los cafés fríos (aunque solo para tomar en el lugar) y algunos panes y mermeladas. Considero que faltó oferta de este tipo de productos y sobre todo que los productos tengan sabor genuino a café.

Café orgánico, gourmet y de calidad tradicional, había para todos los gustos, sin embargo pocos fuimos  los visitantes que compramos, la mayoría solo van a tomar café gratis.

Como punto alto destaco, el tour virtual de café, ilustrado con posters de gran calidad (adjunto fotos). La zona de comidas también me pareció ordenada, aunque por falta de tiempo no verifiqué la oferta de productos.

Entre las recomendaciones para mejorar la feria, estaría el cobrar, aunque sea una cuota mínima como medida para seleccionar los visitantes que realmente están interesados en la temática; entregar una bolsa a la entrada para inducir la compra; ubicar a los expositores por zonas de producción; ampliar la oferta de souvenirs (camisetas, gorras, posters, jarras, delantales, chorreadores, esculturas con madera de café, llaveros...). También habría que regular el tema del estacionamiento para evitar los abusos en el cobro por parte de guachimanes sin autorización alguna para cobrar.

Espero que se siga repitiendo esta feria nacional del café, la cual sin duda representa una parte muy importante de la cultura costarricense.

17 de julio de 2015

La Feria del Queso Turrialba en el Campo Ayala: éxito comercial, pero pérdida de identidad

German Masís, julio 2015

La Feria del Queso Turrialba que se realizó este año en el Campo Ayala, en Paraíso de Cartago, por razones del riesgo de una erupción del volcán Turrialba, estuvo muy concurrida y con una buena divulgación.

El campo Ayala, es un lugar de exposiciones ganaderas y actividades taurinas, muy extenso y de una gran tradición en la provincia de Cartago, el cual se ha utilizado también para fiestas de colegios y universidades.

Su escogencia por parte de los organizadores de la feria del Queso, fue estratégica, por tratarse de un lugar muy conocido y que dispone de una amplia zona de parqueo, a la postre una limitación que siempre han señalado los dirigentes cuando la feria se ha efectuado en la comunidad de Santa Cruz y zonas aledañas. En las instalaciones del campo, ubicadas al fondo del inmueble, regularmente áreas de establos y redondel, se organizó la feria distribuida por sectores de ventas de comidas a la entrada, luego artesanías en un módulo a la derecha, puestos de comidas y hacia la izquierda en el área de exhibiciones ganaderas, se ubicaron los puestos de las queserías y productos derivados.

Había 10 puestos de presentación y venta de quesos, entre ellos algunas de las pequeñas empresas y plantas semi-industriales de quesos más conocidas de Santa Cruz, como Las Virtudes, el Torito y Montelimar, una quesera artesanal y el puesto de la organización ASOPROA, organizadora de la feria y que ahora está vendiendo también quesos de sus asociados. Entre los productos ofrecidos en los puestos, se podía encontrar además del queso tierno y la natilla, típicas de Santa Cruz, quesos semiduros, maduros, quesos con especias, yogurt, rompope, mantequilla, leche agria y chicharrones.
En los puestos de venta de comidas, se ofrecían tortillas con queso, empanadas y biscochos, refrescos de varios sabores en leche, arroz con leche y entre las comidas casados y platillos tradicionales que incluían queso fresco o cocinado.

Tomando en cuenta la participación de productores y queserías de Santa Cruz, probablemente la presencia fue escasa de acuerdo al número de plantas y sobretodo queserías artesanales, así como relativamente limitada la participación de personas de la localidad, en la organización, en la venta de productos y comidas y en la disposición de servicios, como parqueo y otros.   La venta de artesanías y productos diversos generalmente ha estado en manos de comerciantes ajenos a esa comunidad del norte de Turrialba.

Es evidente, que exista la disyuntiva de hacer la feria del queso, en Santa Cruz con alta participación de productores y pobladores del lugar y mantener su identidad agroturística, o organizarla en otro lugar (Turrialba Centro o ahora Cartago), que por su ubicación y área de parqueo, constituya un éxito comercial para los organizadores y para el grupo de queserías que logren intervenir en la feria.

26 de mayo de 2015

La Feria del Aguacate en Esparza

Por German Masís Morales

Solo llegar a San Jerónimo de Esparza, era un desafío para quienes desde el Valle Central nos motivamos con la Feria del Aguacate, promocionada por algunos medios de comunicación.
Presentía que se trataba de una comunidad que había conocido hace 20 años, durante un viaje típico de un equipo de futbol que había aceptado un encuentro deportivo  en un pueblo desconocido del Pacífico Central.

En efecto, por referencias de gente de la zona, supimos que la feria se ubicaba en el sector de Macacona, en el cruce del antiguo restaurante de Parmenio  6 km. al norte, pasando el puente sobre el río Barranca, por cierto bastante seco. La feria estaría situada en aquel poblado que había conocido muchos años atrás por los motivos futboleros.

Llegando al lugar, entre grandes extensiones de potrero dedicadas a la ganadería, en uno de ellos divisamos algunos ranchos y cobertores que se terminaban de instalar  y al lado un amplio parqueo que ofrecía seguridad a los vehículos de quienes nos acercábamos sigilosos tratando de confirmar si ahí era la feria anunciada.

Apenas ingresar, unos enormes aguacates colgando y muchos otros en un recipiente de madera, nos anunciaban que estábamos en la feria de los aguacates criollos del mayor tamaño que habíamos conocido y que también vendían arbolitos del mismo cultivo, por si queríamos experimentar con éstos en otras zonas del país.

En realidad, sólo había dos puestos dedicados a la venta de los aguacates locales y una de ellas, también vendía otras frutas como mangos y naranjas de la zona (fuimos el primer día de la feria).  En cuanto a los demás puestos, uno estaba destinado a la venta de mermeladas de papaya de un grupo de mujeres de una comunidad cercana, otro a la venta de miel de abeja tradicional y abono orgánico de una organización ambientalista de la zona y los demás ofrecían comidas, bebidas o artesanías, amenizados por una alegre música en un lugar dedicado a presentaciones musicales durante el fin de semana.

Pudimos comprobar que la feria fue impulsada por la Cooperativa de Productores Agropecuarios de San Jerónimo, conformada por pequeños agricultores, con el apoyo del Centro Agrícola Cantonal de Esparza, e instituciones y empresas ubicadas en el cantón.

Este grupo de productores ganaderos y agrícolas de la comunidad de San Jerónimo, producen diversas frutales del Pacífico, pero consideran que el aguacate que cultivan es único y especial por su tamaño y calidad, lo que le asigna un gran potencial en el mercado nacional.

Se trata de la primera edición de una pequeña feria agroturística en una comunidad muy rural, que los productores de la zona pretenden poner en el escenario nacional, así como a su producto estrella “el aguacate” de una variedad criolla de gran tamaño.

Esta primera versión de la feria del aguacate en San Jerónimo, podría proyectarse como una actividad importante en la caliente y tranquila zona de Esparza, solo requiere agregarle productos complementarios, comidas elaborados a partir del aguacate e información que destaque sus bondades alimenticias. Importante también colocar señalización en las distintas vías de acceso a Esparza y específicamente a San Jerónimo.

28 de abril de 2015

Feria del Gustico Costarricense 2015

Por German Masís M. y Marvin Blanco M.

La cuarta edición de la Feria del Gustico Costarricense, se realizó entre el 17 y 19 de abril en la Antigua Aduana, convocando  cerca de 300 pequeñas empresas,  bajo el slogan ¡Lo mejor de nuestro mundo Rural¡. Esta feria, inspirada en la Expomundo Rural de Chile, puede considerarse la reina de las ferias agroalimentarias del país, por el tamaño, la gran cantidad de público que asiste y por celebrarse en la capital.

Organizada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería y el Sector Agroalimentario, además del ICT, el INA, el INAMU y el Ministerio de Cultura, la feria incluyó una atractiva exposición y venta de productos agroindustriales, artesanales y de servicios de turismo rural, junto a actividades gastronómicas, actividades culturales y de entretenimiento para  adultos y niños.

En los stands de la feria, se pudo degustar y comprar productos de la agroindustria rural, como café Triple A de la Asociación de Productores Agropecuarios de Acosta y Aserrí, café Cerro Biolley elaborado por la Asociación de Mujeres Asomobi, dulce granulado La Pailita de la Familia Alpízar de Jaris de Mora o miel de abeja  Dulcenina de la Familia Vargas de Tabarcia de Mora.  También chocolates  de la Asociación de Mujeres Amazilia del Caribe de Guácimo, vinos Don Julián de Pérez Zeledón y mermeladas de frutas, del grupo Ambrosía de Cañas, Guanacaste.

Los quesos no faltaron y se pudo degustar los quesos Muva de Los Chiles, así como otros quesos procesados y maduros, además de productos congelados Doña Grace, de Santiago de Paraíso. En panificación y repostería, las tradicionales rosquillas Zoraida de productoras de Filadelfia, Guanacaste o productos diversos de Panadería María Auxiliadora de Pacayas de Cartago.

Junto a la oferta de agroindustria rural, se presentaron productos de agroindustria urbana , como las mermeladas de frutas J y M ubicada en Calle Blancos, panificación Fargo, de la empresa Konig de Barrio México, repostería Jomar, de la empresa Geback, ubicada en Ochomogo y hasta las tradicionales jaleas Tricopilia de San José.

Además, de los productos alimentarios estuvieron presentes  pequeñas empresas que elaboran cosméticos y productos para la salud, así como productos de la artesanía en madera, cerámica y cabuya. Igualmente, fue abundante la oferta de comidas típicas.

Entre la oferta de turismo rural, se encontraron ofertas  como el ya tradicional Nacientes Palmichal en Acosta,  Colinas Verdes de Zapotal de Miramar de Montes de Oro y Las Hornillas en la Fortuna de Bagaces, Guanacaste, entre otras. En general, se observó mucho café, salsas y encurtidos, poca diferenciación y solo algunos  productos novedosos; asimismo, la oferta turística fue escasa y poco atractiva en cuanto a la información entregada.

La Feria del Gustico, es probablemente una muestra de los productos agroindustriales y los servicios turísticos rurales que las organizaciones y microempresas elaboran y ofrecen en todo el país.  Es una iniciativa valiosa de gran afluencia, que podría incluir una cantidad mayor de productos de la agroindustria rural, así como de comidas y recetas tradicionales muy apreciadas por los asistentes del área metropolitana del país. Se debería limitar la participación de empresas con productos ya establecidos en los mercados.

Es evidente el éxito de esta feria pero el recinto se quedó pequeño para esta feria y los organizadores deberán pensar en estrategias para manejar tanto público, porque es hasta peligroso concentrar tanta gente en un lugar cerrado.  Se podría, por ejemplo, extender la feria por dos semanas, cobrar una cuota módica o trasladarse a una calle o campo ferial.  También, se podrían incluir más actividades simultáneas que permitan distribuir los visitantes de modo que mientras unos estén comprando otros están observando espectáculos o exposiciones.

30 de marzo de 2015

La feria de las frutas en Orotina

 Autor: Marvin Blanco M,
Aprovechando un paseo familiar a la playa (Jacó)  pasamos a la feria de las frutas de Orotina, evento dedicado a la promoción y comercialización de la  amplia oferta de frutas que se cultivan en el cantón alajuelense y alrededores, entre ellos: sandía, melón, marañón, aguacate, mango, guanábana, papaya, guaba, zapote, caimito, guinda, níspero, piña, mandarina, naranja, pejibaye y granadilla.

La feria, que llegó este año a su edición 18, es organizada por la Cámara de Comercio, Industria, Turismo y Afines de Orotina y se realiza en el campo ferial, un espacio amplio con instalaciones bajo techo muy apropiadas para resguardar a los visitantes del fuerte calor que hace durante el mes de marzo.

Al recinto ferial llegamos preguntando a varias personas pues no había ningún tipo de señalización ni promoción de la feria en la calles de acceso a Orotina. Al llegar al portón de entrada se nos indicó que adentro no había más espacio para parqueo por cuanto había que dejar el vehículo afuera sobre la carretera, cosa que no nos extrañó pues es la misma situación en la mayoría de los eventos de este tipo que se organizan en el país. Caminamos pues hasta el sitio de la feria y nos encontramos un espacio muy amplio con áreas para parqueo, competencia de rally, juegos mecánicos, área de comidas, área de venta de frutas, pista de baile y muchos puestos de venta de baratijas. En general, el ambiente era bonito, más parecido a unas fiestas populares que a una feria agroturística, que es como se promocionan estas actividades en la prensa y televisión.

El área de venta de frutas (el objetivo de la visita) se localizaba en un área bajo techo, bastante amplia con puestos de venta de frutas alrededor del perímetro y centro del local, la mayoría más bien sencillos, sin mayor atractivo. La variedad de frutas exhibía era amplia y los precios similares a los de las ferias del agricultor (el precio no es un factor decisivo en la compra por parte de los visitantes de estas ferias), no obstante el hecho de que se tuvo que dejar el vehículo a 500 metros, le hace pensar a uno si compra o no una sandía de 6 Kg.

Entre los productos procesados, estaban los tradicionales: banano pasa, semilla de marañón, conserva de marañón (de muy buena calidad), cajetas de coco y leche, tamarindo y miel de abeja. Mención aparte merecen los helados de mango, muy demandados por los visitantes, por lo atractivos y para refrescarse. También se ofrecía pipa fría y batidos de frutas. En otro sector había venta de artesanías, aunque había pocos puestos y de poco atractivo.

Evaluación de la feria: el evento se ubica en un lugar apropiado con instalaciones amplias y adecuadas. Más que una feria agroturística se puede considerar un turno popular donde las frutas no son el atractivo principal, le falta promoción, mejor decoración de los puestos, concursos, degustación de frutas y una mayor oferta de productos procesados y platos a base de frutas.  La ausencia de señalización, mantas y afiches, impiden captar una mayor cantidad de visitantes (compradores de frutas), especialmente parte del flujo turístico hacia las playas de Jacó y Puntarenas. Los atractivos complementarios (rally, juegos mecánicos, paseos en helicóptero, baile popular) son un buen complemento de la feria, aunque hace falta una mayor integración, para que no se vean como actividades independientes.


Las ventas de baratijas, seguramente contribuyen a la captación de recursos, pero no tienen ningún atractivo y no se deberían tener lugar en una feria agroalimentaria, mismo comentario aplica para las frutas importadas (manzanas, uvas, duraznos y ciruelas). Respecto al área de parqueo, se requiere una mejor gestión, porque disponiendo de tanto espacio no se justifica limitar el acceso al campo ferial, obligando a los visitantes a caminar con la carga de frutas compradas.

El balance de la visita a la feria de las frutas es positivo, aunque esperaba más de esta feria puesto que ya tiene 18 ediciones; los organizadores deberían reorientarla hacia una verdadera feria agroalimentaria, turística y artesanal, donde las frutas, las comidas típicas  y otras muestras de la cultura local sean las protagonistas del evento, mientras las demás atracciones deben girar a su alrededor como elementos que complementan  el programa de actividades. 

24 de marzo de 2015

Feria de la fresa de Varablanca: mucha gente, pocas fresas

Autor: German Masís M.

La feria de la fresa, era en Varablanca, no en Fraijanes como creíamos.  Subiendo por la ruta de Alajuela, llegamos finalmente a Fraijanes, creyendo que la feria era en ese lugar, porque en otras visitas a la zona, asociamos ese lugar con las fresas, por lo del Tour de las fresas; el restaurante Fredofresas y porque siempre compramos fresas a lo largo de la carretera que conecta Fraijanes con Poasito.

Recorrimos toda la distancia entre estas dos comunidades buscando un rótulo que nos indicara adonde era la feria, hasta que en la intersección con el volcán Poás nos aclararon que la feria era en Varablanca e iniciamos el lento recorrido hacia ese lugar, lo cual fue muy complicado por la gran cantidad de vehículos que iba y venían en la estrecha carretera que las une.


Luego de casi una hora llegamos al cruce de Varablanca y a partir de ahí comenzó el difícil acceso hacia esta comunidad, saturado de vehículos a ambos lados de la carretera, que sólo el deseo de llegar a la feria, nos hacía tratar de avanzar.

Finalmente bajamos más de 2 km y divisamos a la distancia el lugar de la feria, no sin grandes dificultades para conseguir un parqueo cerca de la misma.  Por fín estuvimos frente a la iglesia de Varablanca, donde había una manta que indicaba la entrada a la actividad. Ya en la feria, en medio de una gran concurrencia de gente que buscaba afanosa los lugares de venta de fresas y de la música ranchera que se escuchaba, tratamos de sobrepasar las filas de personas tratando de comprar comida en los lugares frontales de la feria.

Durante el recorrido por el interior de la feria de la fresa, constituido por una gran cantidad de lugares de venta de ropa, bisutería, artesanías y hasta utensilios de cocina, pudimos ubicar 3 lugares de venta de fresa en fresco y dos lugares de venta de jaleas y mermeladas de fresa (una de ellas de Alajuela), que junto a un lugar de venta de queso fresco, daban cuenta que se trataba de una feria ligada a la fresa y a la zona.   Al fondo algunos juegos mecánicos que completaban el panorama de una gran fiesta o turno comunal.

De regreso a la carretera principal de Varablanca, oíamos los comentarios de personas que habían caminado desde el cruce adonde habían dejado su automóvil por la dificultad para llegar en él hasta la actividad, que no había valido la pena caminar tanto en, porque en la feria había pocos productos a partir de fresas y no estaba muy bien organizada.

No sé si es la primera vez que se realiza esta feria, pero la ubicación no parece muy apropiada, tanto por los problemas de acceso, como porque probablemente la comunidad no es ubicada como la mayor productora de fresas de la zona.

Había pocos lugares de venta de fresas, tanto en fresco, como productos derivados o comidas y bebidas a partir de la misma y las que había se ubicaban de manera dispersa y desordenada entre la cantidad de productos no alimenticios que había en la feria.  Sería bueno que la organización de ésta actividad revise las fortalezas de otras ferias agroturísticas del país.

16 de marzo de 2015

La feria de la cebolla: la más urbana de las ferias agroturísticas

                                                              Autor: German Masís Morales.

La feria de la cebolla de Santa Ana es una de las ferias que se ha posicionado año con año en el calendario de ferias agroturísticas del país. Ubicada frente a la bella iglesia de piedra de Santa Ana y frente a la plaza de deportes atrae a una buena cantidad de visitantes de toda la Gran Area Metropolitana.

Esta feria, cada mes de marzo ofrece a los visitantes una buena cantidad de cebolla blanca y morada sobretodo en su presentación tradicional en trenza, convirtiéndose posiblemente en la feria que concentra su venta casi exclusivamente en su producto principal: la cebolla en fresco.

En la edición de este año, más de 22 puestos de venta de cebolla seca, competían por presentar una cebolla de buen tamaño y buena apariencia, que en pocos casos vendían además de cebolla ajos, ayote y naranja y sólo en un par de lugares cebolla procesada tipo chilera o en encurtido.

Junto a los puestos de venta de cebolla, se encuentran una buena cantidad de espacios de venta de artesanías, ropa, plantas y muchos lugares de venta de comidas tradicionales y comidas rápidas. Además de que comparte el espacio cercano con la feria del agricultor, la feria de la cebolla es como una gran fiesta comunal, que incluye actividades culturales y música, que alegra la estadía en ese caluroso cantón josefino.

Es probablemente la más urbana de las ferias agroturísticas, por su ubicación en pleno centro de Santa Ana, rodeada de comercios, oficinas bancarias y servicios. No obstante, es el espacio de encuentro de un grupo de productores de Salitral, la parte alta y zona rural de Santa Ana, los mayores proveedores de cebolla veranera del país.

Según uno de los productores, la feria representa la posibilidad de colocar una parte importante de la producción entre consumidores directos que llegan a buscar cebolla de calidad a un buen precio y adquirir cantidades que guardan para los meses siguientes.

Es una de las ferias mejor patrocinadas por empresas de la zona y por instituciones del sector agropecuario (incluso mantas ubicadas en la sede central Ministerio de Agricultura) lo que muestra un buen esfuerzo organizativo de los grupos de productores y del Centro Agrícola de Santa Ana.
Algunos de los visitantes indicaban que ir a la feria de la cebolla es un paseo veraniego que las familias efectúan para comprar una calidad de cebolla, que por lo general no se consume en los mercados y ferias convencionales.

Por la importancia que tiene, sería bueno que la feria estimule una mayor preparación y venta de productos procesados y comidas a partir de la cebolla, para que sea una feria de la cebolla no sólo en fresco, que recupere los diversos usos agroindustriales y culinarios de una de las hortalizas y condimentos más utilizados por la población.

Feria del Marañón, San Mateo

Crónica de German Masís, con aportes de Marvin Blanco.
La feria del marañón se realiza en San Mateo, Alajuela.  Es una feria pequeña, más cercana a un turno comunal, en la que se promociona el consumo de marañón, fruta típica de la zona de San Mateo, Esparza y Orotina. Se realiza en una calle a un costado de la plaza de deportes de la comunidad, a 100 m del parque y es organizada por la Asociación Cívica Matedeña.

En la edición 2015, había cuatro puestos donde se vendía marañón fresco y otras frutas de la región tales como caimitos, mangos, guanábana y otros. Además, dos puestos de productos derivados de marañón: marañón pasa, en almíbar, miel de marañón, empanadas, pan y cajetas de marañón, las tradicionales semillas de marañón y semillas confitadas. La mayoría de los productos son artesanales, en presentaciones y marcas locales (siempre me ha llamado la atención el porqué no se desarrollan más comercialmente los productos de  marañón).  Tenían también fresco de marañón, bebida sabrosa pero poco común.

En otros puestos (unos tres) se ofrecía artesanía local y luego había muchos puestos de comidas y bebidas. Música de cimarrona alegraba el ambiente, lo cual le daba el carácter de turno comunal.

 El parqueo en las calles aledañas era manejado por los estudiantes del Colegio local.

No conocía esta feria, pero me pareció que tienen un producto atractivo, el marañón, que si se mejora la presentación de la fruta fresca y se desarrollan más y mejores productos derivados (que incluyan el vino) y con presentaciones más atractivas, podrían atraer un público más amplio y posicionar esta  feria, como única en una comunidad pintoresca y agradable del Pacífico Central.

Tal como lo hemos señalado en otros artículos, estas ferias constituyen un espacio propicio para la promoción de los productos agropecuarios locales, la cultura y el turismo rural, pero requieren ser fortalecidas en aspectos de organización y marketing, para así lograr un mayor beneficio de de los productores involucrados y de la economía local.